Cuando era pequeña, un verano que pasaba en mi casa metieron por la reja un gatito de unas semanas. Se trataba de un gato salvaje, es decir, de los que nacen en libertad y puedes encontrártelos en las zonas donde hay urbanizaciones pero que no se dejan tocar ni permiten mucho contacto con las personas.
Un gato salvaje es salvaje, ya sea que lo críes tú o lo críe la madre en la calle. Ellos nunca se convierten en gatos domésticos y es algo que hay que tener presente porque, si los gatos domésticos necesitan su libertad, éstos gatos necesitan aún más libertad y si se les prohíbe acabarán escapándose.

Con este tipo de gatos tienes que tener mucha paciencia. Es normal que te huyan al principio, que no quieran ni que te acerques y acabarás con algún que otro arañazo por culpa de eso pero nunca pierdas la esperanza. De la noche a la mañana no lo vas a conseguir pero si perseveras seguro que al final consigues que se deje tocar, que le puedas coger, etc.
Esto que te digo es incluso para los gatos salvajes que cuidas desde pequeños, es algo que está en su naturaleza, ser desconfiados de todos los humanos aunque cuando lo crías sabe la persona que lo ha hecho y el trato con esa persona es muy diferente de con otras personas (puede cogerlo, acariciarlo y, mientras que no intente hacer algo que él o ella no quiere, tolerará la presencia humana como si fuera parte de su familia).


